Haecceidad

Un modo de individuación muy diferente del de una persona, un sujeto, una cosa o una sustancia.

"Nosotros sabemos que entre un hombre y una mujer pasan muchos seres, que vienen de otros mundos, traídos por el viento, que hacen rizoma alrededor de las raíces, y que no se pueden entender en términos de producción, sino únicamente de devenir" G. Deleuze

del nudo a los afectos

Algunas preguntas que surgen en relación a este texto:

¿lo afectos en psicoanálisis son del orden de lo imaginario? Lacan recoge la teoría de los afectos de Spinoza, pero ¿para éste último al igual que para Freud está patente la división alma-cuerpo?
¿no es el sinthome un patronímico en la medidida en que es impuesto por el propio sujeto?
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Cuando la vida se desanuda, ¿cómo reanudarla?

Pura H. Cancina

Entre locura y debilidad mental, no tenemos sino la elección.
Jacques Lacan, Seminario 24.

El 17 de febrero de 1976, en el curso del seminario Le sinthome, Lacan se refiere a lo que nombra «psicosis lacaniana». Se trata del caso de apodado Gerard Primau1 quien sufre de «palabras impuestas» y se declara ser «telépata emisor»2.
En determinado momento de la entrevista, dice haber sufrido, a los 17 o 18 años, que «cuerpos eléctricos empalmados» se le desunían. «No lograba distinguir completamente, en el nivel de esa situación, cuerpo-espíritu.» «Decía: ¿cuál es el momento en que el cuerpo entra en el espíritu, o que el espíritu entra en el cuerpo?» «¿Cómo pasar de un hecho biológico a un hecho espiritual?»
Lacan le asegura que de eso no sabemos más que él3. Claro, ¡es la problemática freudiana de la relación psique-soma! Recordemos que Freud definía a la pulsión como concepto límite entre lo somático y lo anímico.
A partir de esta problemática, así situada por Primau, propongo interrogarnos acerca de la relación de ese desempalme con el fenómeno «palabras impuestas» del automatismo mental.
Dice Lacan en el Seminario 24: «No hay nada más natural que el automatismo mental. Que haya voces, ¿de dónde vienen? Forzosamente del sujeto mismo. Estamos estupefactos porque esta irrisión no ocurra más a menudo.» «¡Es normal, el automatismo mental! (…) Si uno se pone a decirse cosas a sí mismo, ¿por qué eso no patinaría hacia el automatismo mental?»4
Aristóteles adelantó esto, señala Lacan en el seminario Las psicosis: el automaton es lo que piensa por sí mismo, sin vínculo con ese más allá, el ego, que da sujeto al pensamiento. Si el lenguaje habla por sí solo, es aquí que corresponde utilizar el término de automatismo.



Si la palabra es un parásito, un enchapado, un cáncer que nos aflige. ¿Por qué no sufrimos de palabras impuestas?, es la pregunta de Lacan a la que podemos sumarle esta otra: ¿qué es lo que puede hacer tope al automatismo mental, a las palabras impuestas?
Intentaremos responder guiados por las letras de James Joyce.
Sabemos de la importancia que Lacan da al hecho de que, en Joyce, lo imaginario se hubiera desatado.
El desprendimiento de lo imaginario es hipotetizado por Lacan a partir del desprendimiento de sentimientos tales como el odio y el rencor hacia los camaradas que lo golpearon. Lo lee en el tan comentado episodio de la paliza que le propinan sus camaradas. Sin embargo, hay en el Retrato del artista adolescente otro episodio de castigo sufrido por Joyce niño que Lacan no menciona y que encuentro bastante esclarecedor con respecto a lo afectado por el desprendimiento de lo imaginario.
Stephen sufre un brutal castigo en sus manos por parte del prefecto del internado. Vergüenza, humillación. Intenta no gritar pero finalmente el dolor es tan intenso que el grito brota de su garganta. Arrodillado, traga sus lágrimas. «Y de pensar en aquellas manos –lo cito-, en un instante golpeadas y entumecidas de dolor, le dio pena de ellas mismas, como si no fueran las suyas propias, sino las de otra persona, de alguien por quien él sintiera lástima.»5 Como vemos, su dolor es distanciado de sí, separado de su cuerpo propio y dejado en otro lugar, en otra persona.
En otro párrafo leemos cómo es él quien se distancia de una parte de su cuerpo. Dice: «Pero, ¿es que esa parte del cuerpo comprende, o qué? Claro que debe de comprender, cuando desea así, en un momento, y luego puede prolongar pecaminosamente su propio deseo, instante tras instante. Siente y comprende y desea. ¡Qué cosa tan horrible! ¿Quién formó así esa parte del cuerpo, capaz de comprender y de desear bestialmente?»6
En otro párrafo dice: «Había oído pronunciar solemnemente en la escena y en el púlpito los nombres de las pasiones del amor y del odio; las había visto expuestas pomposamente en los libros, y se preguntaba por qué su alma era incapaz de albergar ni el uno ni el otro ni aun siquiera de forzar los labios a pronunciar esos nombres con convicción.»7
Odio, amor, rencor, ira. Pasiones del alma según santo Tomás. Sentimientos. Lo que se desanuda junto a lo imaginario es la sentimentalidad, instancia que cobra fundamental importancia en la enseñanza de Lacan a partir del Seminario 23, Le sinthome.


En … ou pire avanza: «Entre el cuerpo y el discurso está eso con que los analistas se relamen llamándolo pretenciosamente los "afectos".»8 Se trata de los sentimientos inducidos por el discurso.
Acerca de lo que los analistas nombramos afectos pero que también podemos llamar sentimientos, Lacan se apoya en Spinoza. Para Spinoza el alma es el pensamiento del cuerpo y los afectos los sentimientos que ese pensamiento produce. Así, con Spinoza, Lacan efectúa una torsión fundamental con respecto a la teoría freudiana de los afectos.
Para el hablante, su cuerpo es su única consistencia, pero esta consistencia es una consistencia mental. La cuestión es la siguiente: «Una descarga de adrenalina, ¿es del cuerpo o no?» Lacan responde: «Que desordene las funciones, es verdad. ¿Pero en qué viene ello del alma? Es el pensamiento que descarga.»9 Para Freud se trataba de una energía sexual, la libido, que progresaba de lo somático a lo psíquico y para Lacan, a la inversa, se trata de lo sentido como mental. Por eso, la enfermedad mental no es ninguna entidad, es la mentalidad que falla. Considero a esta afirmación fundamental.
Tenemos allí una forma de responder a la pregunta de Primau y a la que nosotros podemos formularnos a partir de los escritos testimoniales de James Joyce. Los sentimientos son cuestión de lo imaginario y pertenecen al terreno de la mentalidad, «la sentil-mentalidad” propia del hablante. Se trata de pathos, lo que se experimenta, lo que es afección del alma, el sentimiento. Pero son precisamente esos sentimientos los que son límite de nuestra mentalidad, lo que nos hacen débiles mentales. Mentalidad es mientalidad en tanto miente y no puede hacer otra cosa ya que está en juego el amor propio, como lo señala Lacan haciendo referencia al narcisismo comprometido allí.
Los párrafos del Retrato a los que hice referencia, dicen suficientemente de cómo Joyce ha hecho operar esa distancia, ese dejar caer, con respecto a su sentimentalidad, sentimentalidad irlandesa plasmada de las melodías (maladies) de Moore, como lo señala Jacques Aubert. Joyce ha recibido de su padre, John Joyce, padre carente según su testimonio, el arte de la voz, el arte fonatorio, pero él, tempranamente, se ha despojado de la sentimentalidad que lo acompaña. Esto último responde a lo que Lacan interrogaba leyendo a Joyce ya que permanece entre nosotros la pregunta que deja planteada en el seminario que le dedica: Le sinthome.


« … queda ambiguo saber si es de liberarse del parásito palabrero del que se trata o, al contrario, de dejarse invadir por las propiedades de orden esencialmente fonéticas de la palabra, por la polifonía de la palabra.»10
Ante una cierta relación a la palabra donde ésta le es cada vez más impuesta, Joyce, dejándose invadir por la polifonía de la palabra hace uso del parásito palabrero para realizar un trabajo con lalengua, por la intermediación de la escritura, con el que logra disolver el lenguaje hasta el punto de imponerle una descomposición que llega a elimina cualquier identidad fonatoria. Esto no es artificiado sin el arte fonatorio tomado del padre, pero sin la sentimentalidad de la que se ha despojado. Si la sentimentalidad es lo que hace tope a las palabras impuestas pero también es lo que nos torna débiles mentales, ¿logra Joyce con su arte ser menos débil mental que otros?
«Soy el centro solitario de un círculo solitario». Primau se aventura por terrenos inhóspitos para la común mentalidad, pero no cuenta con la inhibición estructural propia al anudamiento sintomático y pulsional, por lo que en esos terrenos se pierde en series matemáticas y símbolos poéticos. No puede avanzar ni aun con sus delirios. En cambio Joyce, con el ego que logra construirse, libera su parásito palabrero al escrito. Veamos cómo reanuda su imaginario por medio del nombre propio.
En oportunidad en que alguien quería retratar a Joyce, él le pregunta si el retrato que quiere es el suyo o el de su nombre. La anécdota ilustra el hecho que Joyce valoriza su nombre propio y es con su sinthome-nombre. Como con su sinthome-arte, como reanuda las relaciones con la sentimentalidad de su cuerpo.
Al valorizar su nombre a expensas del padre, se puede decir –con Lacan- que el nombre propio hace todo lo que puede para llegar a ser más que S1, el S1 del amo que se dirige hacia el S2. Dicho en otros términos, llegar a ser más que el un significante que representa al sujeto para el saber inconsciente. Esto lo logra por tener dos nombres propios. Joyce se llama también James. ¿Qué quiere decir esto si es de uso común que todos portemos dos nombres, el nombre de pila y el patronímico? Quiere decir que si algo funciona como nombre propio y no como simple significante que representa al sujeto es por que o ha sido donado y tomado del padre del nombre o, en su defecto, éste ha sido fabricado por el sujeto mismo. Joyce, como James Joyce, no se funda tanto en el patronímico como en su obra. Que el nombre propio de Joyce no es deudor del padre del nombre lo atestigua el sobrenombre por él elegido –Stephen Dedalus- donde recurre, al antepasado, al antiguo artífice al que se encomienda en las últimas líneas del Retrato: Dédalo, el que se fabricó alas para huir de la prisión de Minos. Para Joyce se trataba de exiliarse, huir de Irlanda.
Lacan nos dice que el hecho de que podamos poner montones de sobrenombres desemboca en retornar el nombre propio a lo que es del nombre común. Se trata de la incidencia de la nominación en su estado conceptual o en su estado puro como nombre propio. Ambas nominaciones importan e importa su correlación. Tenemos así un pasaje, una extensión, del nombre propio como Bedeutung, de acuerdo con Frege, al nombre común como Begrif. Porque hubo un Joyce ahora hay montones de joycianos.
Primau también se fabrica un sobrenombre homofónico, Geai Rare Prime Au (Grajo Raro Primero Al), pero el mismo no llega a tejer un ego, no puede anudar con éste la mentalidad a su cuerpo quedando entonces limitado al “mundo imaginativo”. Como ya lo describía Kraepelin, los efectos serán los fenómenos de posesión corporal entre los que podríamos situar la especificidad de llegar a sentir lo que la mayoría de nosotros logramos ignorar: que las palabras nos son impuestas.
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1 Primau es el seudónimo que se le da en ocasión en que caso es publicado. En la versión original en francés (inédita) el patronímico es otro. Sin embargo se ha intentado conservar el sentido del juego homofónico que el enfermo intenta con su nombre.
2 Jacques Lacan, “Una psicosis lacaniana”, Analiticon N° 1, Fundación del Campo Freudiana, España, 1986.
3 Ibid., p. 25.
4 Seminario 24, L´insu qui sait de l´une bévue s´aile à mourre, Ornicar N° 17-18, p. 22, París, Ed. du Seuil. La traducción es mía.
5 James Joyce, Retrato del artista adolescente, p. 57, Hyspamérica Ediciones Argentinas, 1983.
6 Ibid. p. 163.
7 Ibid., p. 175. 2
8 … ou pire, 21/6/72. Inédito.
9 Jacques Lacan, Psicoanálisis –Radio & Televisión, Barcelona, Anagrama, 1977, pág. 104.
10 Jacques Lacan, Le sinthome, p. 97, du Seuil, 2005. La traducción es mía.

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